Lecturas de verano

La recargada espontaneidad de una jerga casi profesional camina por la cornisa de lo obsceno cuando, en la cafetería que oficia de after beach, el supervisor le solicita al encargado: “vaporizame la leche”. El obligado parador de todos los que pasaron una larga jornada al sol está repleto y los empleados no dan abasto con los pedidos. A la espera conviene invertirla en lances de algazara –piensan los dos enamorados que hacen cola delante de un servidor–, de manera que se proveyeron del libro en el que un bizarro personaje de la farándula argentina –eso lo averiguaría más tarde– repasa algunos de sus más célebres escándalos televisivos y disecciona un anecdotario en el que la elegancia puede esperar. Al parecer lo compraron unas horas antes, en la librería del shopping. Si él podría definirse como “guapo a su modo”, ella es una bomba de redondeces, el pelo una mata furiosamente oscura que le abriga los omóplatos. No tienen más de treinta años. Él le pasa el brazo sobre los hombros con el firme propósito de compartir la lectura, aunque, a decir verdad, ninguno de los dos consigue concentrarse en demasía: la risa los agarra de improviso y se detienen, inevitablemente, cada dos por tres para intercambiar comentarios. Se miran a los ojos durante unos pocos segundos para corroborar el rapto de complicidad. Ella sabe a la perfección que él la quiere demasiado, y por eso actúa con sobrada suficiencia. Le hace cargar los paquetes y se retiran hacia la terraza, a una mesa con vista al océano, donde se dispondrán a atacar los capuccinos rebosantes de espuma y los muffins de arándanos. Quizá por la noche tengan un cumpleaños, y entre cerveza y otros aperitivos, les contarán a sus amigos que están leyendo conjuntamente el libro de la celebrity local “y no sabés qué gracioso”. Querrán saber, los amigos, por la noche, que el libro cuesta la módica suma de cincuenta pesos, algo así como (grosso modo) unos veinte litros de leche, la misma que se vaporiza en la barra de la cafetería. Antes de su partida, este cronista, que alcanza a leer de refilón y por encima del abrazo de los tortolitos, el relato de las andanzas del personaje mediático, de pronto se avergüenza de Por la parte de Swann, que sostiene bajo el brazo. Se avergüenza porque está de vacaciones, tiempo donde no corresponde atenerse a lecturas de esa índole. Descansar debería ser como reírse, sospecha. Cuando la pareja finalmente se dirige hacia la terraza sucede que el cronista abandona la cafetería y se encamina hasta la librería más cercana (la del shopping) y encuentra sin problemas en los anaqueles ese libro que de tanta satisfacción abasteció a sus compañeros de espera. Una culpa de naturaleza láctea –llamémosle así– le impidió comprárselo, pero no obstante permaneció unos cuantos minutos repasando sus páginas de parado. Al fin, ni una carcajada de esas que parecen rebuznos, consiguió. Ni siquiera un leve esbozo de sonrisa. Relajarse frente a la pavada no parece ser la clave, no. La soledad nos vuelve solemnes: el secreto consiste en compartir.

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4 respuestas a Lecturas de verano

  1. Marcela dijo:

    Te imagino en esa situación y me río sola. Estuviste muy pulcro en no haber puesto el nombre del personaje en cuestión. Un blog en que constantemente se leen apellidos ilustres como el de Borges, Kafka y Mann no podía permitirse mezclarse con los berretas de nuestra devaluada televisión.

  2. avellanal dijo:

    Jajaja, eso mismo pensé. ;)

  3. Julián dijo:

    Jajaja, aquí de vuelta… que ganas de escribir, pero no puedo, no se que pasa, no puedo ni siquiera ver películas, vi tres películas, las tres fueron lo peor que vi de cada director… después saqué paranoid park, que me pareció muy buena, pero no la disfruté (si disfruté en cambio luego tu nota sobre la película, muy buena), en una de esas la solución sea ir a leer, je.
    En fin, con respecto a esta, que gracioso, si, me pasó muchas veces de envidiar (porque es una envidia en el fondo) al que disfruta de la vida inmerso en la boludés, je.
    Un abrazo che, como siempre debo repetir, un gusto leerte, estamos en contacto.

  4. avellanal dijo:

    Julián: siempre surgen repentinamente, y a veces sin una causa en concreto, esos períodos de sequía en los que uno queda en blanco, incapacitado de absorber nada (lo relativo al estudio pareciera que hay que absorberlo a la fuerza). Yo creo que en la mayoría de los casos se supera naturalmente, con un poco de tiempo nomás, hasta que todo vuelve a la normalidad.
    En todo caso, después me tendrás que comentar cuáles fueron esas tres películas. Ayer vi una argentina que, intuyo, será de tu agrado. Un abrazo.

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