“The Wild Bunch”, de Sam Peckinpah

En cierta conferencia perdida en la nebulosa del espacio y el tiempo, Borges, en inglés, se refería a la épica, y no vacilaba en afirmar que Hollywood (¡sí, precisamente Hollywood!) era el lugar que más épica ha proporcionado al mundo entero. Se sobreentiende que la referencia se centra de modo casi exclusivo en el género del western: en todo el planeta, cuando la gente ve un western –al contemplar la mitología del jinete, el desierto, la justicia, el sheriff, los disparos y todo eso–, creo que capta la emoción de la épica, lo sepa o no.

The Wild Bunch es una película de 1969. Es incuestionable que Borges nunca pudo verla; por el contrario, el paradigma de western que él concebía podría buscarse en High Noon o en alguno de John Ford. No obstante, en el filme de Sam Peckinpah se puede apreciar con gran nitidez la presencia de la mayoría de esos elementos que configuran la tipicidad del western: hay jinetes, hay desierto, hay disparos (¡vaya si los hay!), hay bandidos, hay bandidos (no es un error de redacción), y… ¿hay justicia?

The Wild Bunch no es una cinta épica en el sentido que le asigna Borges, desde el mismo momento en que no asistimos a una tradicional narración en la que se diferencie, de forma nítida y tajante, aquello que está bien de lo que está mal, héroes de villanos, blanco de negro. Es cierto que las preferencias del director –y, supongo, de la gran mayoría de los espectadores– son evidentes, pero inmiscuidos en un entorno inmundo y corrupto, donde impera la ley del más fuerte, todos los personajes son delineados por el mismo pincel que no delimita con precisión la línea que separa al mal del bien: la banda de forajidos de Pike Bishop, Freddie Sykes y su grupo de caza recompensas, el ejército del general Mapache; unos y otros tienen como ideal supremo al dinero, y no vacilan en sacar a la luz sus peores miserias con tal de conseguir el objetivo propuesto. En este western atípico, desmitificador, no existen paladines de la justicia ni héroes ávidos de alcanzar colosales hazañas. La vida humana es, para estos descorazonados hombres, insignificante, configura un bien menor, sin importancia; de ahí que la película transmita altísimos niveles de crudeza y violencia. La única diferencia, y he aquí, intuyo, la causa de la inequívoca inclinación hacía la banda que encabeza Bishop, radica en que existe en éstos una especie de tambaleante ética personal que se exterioriza en un profundo sentido de la lealtad y el compañerismo.

Creo que el personaje más significativo, desde un costado psicológico, es el que compone Robert Ryan (Freddie Sykes), puesto que plasma a un bandido advenido, por obligación, en “justiciero” y líder de un grupo de ineptos caza recompensas: durante todo el desarrollo de la cinta se deja traslucir su disgusto, su molestia con el rol impuesto, ya que toma conciencia de que, al enfrentar a quien fuera su compañero, de alguna manera, se está enfrentando a sí mismo. Skyles sabe de antemano que no atrapará a Bishop; su persecución, por el contrario, es contra su propia esencia, persigue a su misma sombra, a su reflejo. Ya que hacía referencia a Borges antes, este forajido ciertamente me hace recordar a Cruz, el personaje del Martín Fierro, y aquella interpretación borgeana que reza: Comprendió que un destino no es mejor que otro, pero que todo hombre debe acatar el que lleva adentro. Comprendió que los jinetes y el uniforme ya lo estorbaban. Comprendió su íntimo destino de lobo, no de perro gregario; comprendió que el otro era él.

La dirección de Sam Peckinpah no podría ser mejor: su manejo tan particular de la cámara, llenando las escenas de ralentizaciones y zooms, resulta brillante, le confiere a la película un poderío visual pocas veces visto en la historia del cine. Tanto la secuencia inicial como la final son las dos más impactantes a lo largo de las casi dos horas y media (siempre hablando de la versión original del director), pero, sin duda alguna, es ese apoteósico cierre el que dota de auténtica magia al film. Desde la agria detención en el burdel hasta la inevitable expiración (¿y expiación?, me pregunto) de cada uno de los cuatro, y pasando, sobre todo, por la polvorienta marcha decidida y trágica, por esa caminata hacia la muerte, por ese tránsito repleto de agonía y desamparo (instantes supremos), pareciera que una aureola arrebatadora y fascinante rodea la esculpida lente de Peckinpah, y uno siente, al silbido de las balas, un cóctel impreciso de tristeza, estupor y éxtasis.

The Wild Bunch (EE.UU., 1969)
Director: Sam Peckinpah.
Intérpretes: William Holden, Ernest Borgnine, Robert Ryan, Edmond O’Brien, Ben Johnson.
Calificación: 8,50.

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9 respuestas a “The Wild Bunch”, de Sam Peckinpah

  1. iarsang dijo:

    ohhhh!!!! Una de mis cinco películas favoritas de todos los tiempos. Se me ponen los pelos de punta sólo de pensar en ella, y en esa última caminata hacia la redención final. Menuda composición de personajes, qué afinada la relación entre Holden y Borgnine, qué escenas tan magníficamente montadas…

    Una vez que lo echaron por aquí en el programa de “Qué grande es el cine” comentaban que una de las cosas que más definían a los personajes era la risa. Y es verdad. Se ríen mucho, es lo que los une como amigos, y por eso en ese final volvemos a ver escenas de cada uno de ellos riéndose.

    Historia viva del cine, violenta, desmitificadora, melancólica… curioso ver cómo parece que todos los males vienen de la civilización (el odiado ferrocarril) y que la vida en “libertad” de antes va tocando a su fin. Son gente fuera de su tiempo, los últimos representantes de una época que no va a volver.

    Y esas frases míticas… ahhh…

    “let’s go”
    “why not?”

  2. Germán dijo:

    Sam Peckinpah? Que vivo que sos. Así cualquiera, che. ;) Uno de los mejores directores norteamericanos. Y el tipo no se casaba con el establishment de Hollywood. La violencia al servicio de una mirada social? Sacar los trapitos al sol de la sociedad de ese momento? Desdibujar el “bueno” y el “malo como hasta entonces?”Ese era sus mensajes? Era un misógino disfrazado? Que pensás?

    Ahhhh, no te olvides de “Perros de Paja”. “La Cruz de Hierro”, para mí la mejor película de él. Hasta ahora la mejor peli del cine bélico que he visto y ví demasiadas, jeje. Te la recomiendo. Si la consigo alguna maldita vez en dvd, la compro.

  3. avellanal dijo:

    Coincido plenamente con ambos.

    Peckinpah fue un director que, a través de un cine muy personal y despojado de clichés, contribuyó a “levantar” al Hollywood post-época dorada (décadas del sesenta y setenta).

    A “Perrros de Paja” todavía no la pude ver, pero no pasará mucho tiempo. Y con respecto a “La Cruz de Hierro” sólo puedo decir que la pongo al mismo nivel de pelis como “Apocalypse Now”, “Full Metal Jacket” y “Paths of Glory”. Una maravilla 100% Peckinpah. ¡Y qué final!

  4. Germán dijo:

    Del cine bélico, no olvides también “El Francotirador”. Perdón no me pude contener.

  5. avellanal dijo:

    ¡Es cierto, es cierto! Se me pasó por alto. Adoro la actuación de Christopher Walken. Fue una película que me impactó mucho en su momento.

  6. val dijo:

    ¡De alguna forma tenías que hacer brotar de un escrito tuyo algo referente a Borges!

    Te advierto que sabía, antes de mirar los comentarios, que el primero sería de un iarsang totalmente descontrolado. El chico tiene un problema serio con esta película, jaja ;)

    La escena final es memorable. La de veces seguidas que me la pude poner:D

  7. instan dijo:

    Sí que es una gran película. Y por supuesto a mí también me encanta ese final ;) . No sé, pero las películas de este director tienen algo. Es cierto que no hay personajes buenos y malos y que son todos pura ambigüedad moral.

    Precisamente el otro día vi en una televisión local “La cruz de hierro” que hacía un montón de años que lo pasaban por alguna televisión española nacional (no de pago, claro). ¡Ese sí que es un gra final!. ¡Qué grandes esos oficiales prusianos!.Je,je,je,je,je.

    Ahora que lo pienso, quizá los westerns que más me gustan a parte de los de Sergio de Leone sean los de Peckinpah.

  8. Ibán dijo:

    Es una película impresionante desde todos los puntos de vista, creo además que tu análisis es muy certero en un punto, a partir de un punto de vista desmitificador logra, sin embargo, ser tan épica como mandan los cánones.

  9. padawan dijo:

    Me alegra que rescates estas entradas, da oportunidad a repasar aquellas que no aproveché bien, en este caso, por no haber visto la película.

    Desde luego, esa escena final, con el Grupo Salvaje caminando hacia la muerte es icónica. No sé si habrás visto ya “Perros de paja”, guarda bastantes paralelismos con esta, aunque la violencia es bastante más descarnada, más brutal, por así decirlo, aunque sea en una escala menor.

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