La artificiosidad insincera de Oscar Wilde

La vida de Oscar Wilde no es real. Por el contrario, se trata de un mero artificio, de una estampa, de una imagen inmóvil, como la percepción del tiempo en un universo estático. Imagen que él mismo se encarga de contemplar, desdoblándose, produciendo una grieta en su yo, para poder ser espectador privilegiado de sí mismo. Se entrega voluntariamente a esa permanente ilusión de su existencia, puesto que transita la misma desde un plano externo, situándose en los ojos de los otros, para observar, de forma objetiva, a esa evanescencia cristalizada llamada Oscar Wilde.

No voy a dejar de hablarle sólo porque no me esté escuchando. Me gusta escucharme a mí mismo. Es uno de mis mayores placeres. A menudo mantengo largas conversaciones conmigo mismo, y soy tan inteligente que a veces no entiendo ni una palabra de lo que digo.

La homosexualidad de la que hace gala termina convirtiéndose en una etiqueta, en un sello marcado a fuego, como si su praxis existencial estuviera regida por un estrella providencial, de la que resulta imposible desviarse, contrariando toda posibilidad de libre albedrío. El acto autónomo no existe en la vida ilusoria de Oscar Wilde, porque, al escudarse en su naturaleza, no hace otra cosa que transformar su homosexualidad en una justificación de su ostentoso modo de comportarse y transitar por la vida, y no le asigna el valor de la aceptación de una tendencia natural que no configura la totalidad ni el eje de su existencia. Wilde, en definitiva, al exhibirse día y noche en un santuario del que se desprenden miles de destellos de luces de neón, al no tener pelos en la lengua y quitarse la máscara en exceso, al ser el escritor, el director, el actor principal, la contrafigura y el público de sus propias obras, procede casi de la misma forma que el homofóbico: ambos, en el fondo, uniforman sus hipotéticos antagonismos, al trazar un encasillamiento del homosexual, al delinear incesantemente un catálogo de su ser, al conferirle un status especial, que lo diferencia, que lo excluye; donde los otros ven inferioridad, él ve algo superior; donde los otros ven monstruosidad, él ve belleza.

¿Qué culpabilidad le podemos atribuir? Ninguna, absolutamente ninguna, pues no dispone del poder individual para actuar de otro modo, y de ahí que su estancia en este mundo sea irreal.

Por eso, la vida de Oscar Wilde es una circular farsa eterna, en la que su sobreactuación se repite ad infinitum. Sus obras son una entelequia, dado que, en rigor, él nunca ha creado nada. Y, precisamente a causa de esa carencia creativa, de esa omisión productora a perpetuidad, Wilde es el artista mayúsculo, vale decir, no existe artista mayor. La suya no es una vida, es simplemente una predestinación en la que no puede operarse un mínimo cambio, una artificiosidad insincera, una burda mentira que a todos nos ha hecho creer.

Que hablen de uno es espantoso. Pero hay algo peor: que no hablen.

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11 respuestas a La artificiosidad insincera de Oscar Wilde

  1. pads dijo:

    siempre me ha parecido un personaje bastante interesante, de tan histriónico, aunque creo que quizá en el fondo toda la parafernalia con la que envolvía su vida era alguna especie de protección ante una sociedad que no creo que estuviera preparada para él.

    Tu “adorado” Javier Marías escribió un interesante artículo sobre Wilde en ese libro del que hablé hace tiempo en mi blog :)

  2. Santi dijo:

    A ver si entiendo. ¿Lo que querés decir es que la vida de Wilde es un objeto artifical, creado, no natural? Sea mi interpretación válida o no, el texto me pareció muy lindo.

    Saludos, che.

  3. avellanal dijo:

    Tu interpretación, Santi, supongo, es tan válida como una completamente contraria. Mi consejo es no tomar demasiado en serio este texto.

    Y por cierto, pads: si bien no le tengo el aprecio que a su padre, Javier Marías me parece -juzgándolo solamente por las columnas de opinión suyas que he leído, y algún que otro reportaje- un escritor mucho más apreciable que, por ejemplo, Almudena Grandes o Arturo Pérez-Reverte. Todo sea dicho, che.

  4. LuxMa dijo:

    Interesante apreciación. Concluyo entonces que la vida de Wilde no debiera tratarse como tal. Sino mejor dicho como: la obra de Wilde.
    Saludos. :O)

  5. Oscar Wilde, al igual Shaw, en una epoca y un pais en el que los homosexuales eran aberraciones (hoy en dia empiezan a aceptarlos pero no creas que hay un gran movimiento gay aqui, hasta hace bien poco la iglesia catolica ha tenido mucho poder) tuvieron que tejer una coraza para que la incomprension no les hundiera. Aun asi no creo que su vida fuera facil. De todas maneras, me gusta su descaro y su pedanteria. Ambos crearon obras hermosas y atemporales.

  6. Quime dijo:

    En mi corta edad nunca lo he leído, pero refuerza mi teoría sobre la homosexualidad.
    No pretendo hacer un ensayo cual Freud, pero creo que en nuestra cultura en la que la referencia a la homosexualidad es un insulto (puto!) causa que las descalificaciones se hayan reducido a una apreciación sobre la sexualidad. Entonces quien acepta su condición, supera todas las metas y logra que nada de lo que digan logre afectar el desarrollo de la idea.

  7. val dijo:

    Wilde no mostró abiertamente su sexualidad, no hizo excesos al respecto. La vivió a su manera, si bien es evidente que en el, como buen dandy y hombre ingenioso, todo era artificioso y mágico.

    Una lástima como acabó sus días. No lo merecía.

  8. Rosaura Silva dijo:

    Interesante de leer, Clau. Quisiera comentar dos puntos: 1)El tema que planetas sobre la dicotomía vida/obra y 2)El tema que plantean en un comentario anterior sobre la relación al parecer automática, pero probablemente no única entre la condena a la homosexualidad y la moral cristiana.

    1) Pienso que en el fondo la vida, la biografía de todo artista, tal vez de todo hombre, no es sino un teatro de sombras en el cual uno puede jugar al claroscuro trastocando lo proyectado.
    “Esto que ahora lees aquí, lector, te lo estás diciendo tú a tí mismo y es tan tuyo como mío”, decía Unamuno; “Este, que ves, engaño colorido, que del arte ostentando los primores, con falsos silogismos de colores es cauteloso engaño del sentido” escribió Sor Juana sobre su retrato.
    ¿Qué es pues lo que nos hace ver la vida de Balzac o Voltaire como real y como ilusión letrada la de los poetas malditos por caso? Tal vez que unos se vuelven personaje mientras viven, como un devenir que les cae ab caelum, en tanto que otro decide asumirse como ese personaje en un afán de buscar lo sublime, una especie de farsa ad caelum.

    2) Aunque la Iglesia católica efectivamente condena la homosexualidad, y fue una institución ideológicamente hegemónica durante la edad media y parte de la moderna, la condena en sí ni le es exclusica, ni -más importante aún- proviene de ahí.
    Según Foucault, en El uso de los placeres, segundo volumen de la Historia de la sexualidad, desde el siglo IV a.C. “encontramos muy claramente formulada la idea de que la actividad sexual es en sí misma bastante peligrosa y costosa (…) encontramos también el modelo de una relación matrimonial (…) es preciso ver que el principio de una templanza sexual rigurosa no data del cristianismo, desde luego”.
    Una propuesta interesante sobre el origen de la diferencia entre amor a lo bello sin distinguir género (al estilo del helenismo) y la condena a la sexualidad no reproductiva (la homosexualidad, entre otras prácticas) está en un artículo de César González Ochoa titulado “El ‘amor de los muchachos’ en la cultura medieval”, si te interesa podemos comentarlo con más amplitud luego.

    Perdón por la extensión, ambos temas son atractivos.

  9. avellanal dijo:

    Como he dicho antes, Ro, este texto mío no debe ser tomado demasiado en serio.

    Dos apuntes:

    ¿Ésa cita de Unamuno está en “Del sentimiento trágico de la vida”? No estoy seguro, pero me parece haberla leído allí.

    Por otra parte, de algún lado me suena, al menos el título, de ése artículo de César González Ochoa que mencionas. A ver si lo encuentro por ahí, para comentarlo luego.

    Adoro la extensión de tus comentarios.

    Un beso grande.

  10. itaqua dijo:

    Ahora que caigo… no sé porquè razón mi amiga Lucre puso el 59 cuando le dió por hacerme el hotmail… ni sé porqué me ha venido ese pensamiento… o sí… una sensación de dejá vu puesto que este escrito ya lo conocía y escribí una serie de comentarios al respecto por lo que me remito a ellos… ejem… yo no digo mi canción sino a quién conmigo vá… pero creo que la cosa está tomando otro cariz aunque… quien sabe… quien sabe…

    Ah, Avellanal, Avellanal, moro de la morería, el día que tú naciste grandes señales había…

  11. avellanal dijo:

    ¿No le habrá faltado una decena a tu amiga Lucre? (lo sé, estoy muy perspicaz y toda la movida). xD

    El escrito ya existía, en efecto -desde hace tres años-, y fue reflotado porque, ante la falta de inspiración, tiempo y nuevas ideas, se me ha dado por corregir entradas anteriores.

    Ay, Itaqua, Itaqua, ¡qué inaudita capacidad de despistarme tienes con tus comentarios!

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