“No matarás”, de Krzysztof Kieslowski

Antes de convertirse (prácticamente) en el cineasta oficial de Francia, con su “trilogía de los colores”, Kieslowski realizó para la televisión polaca una serie de cortometrajes inspirados en los Diez Mandamientos. A dos de esos episodios finalmente decidió ampliarlos para convertirlos en largometrajes: No matarás es uno; el otro se titula No amarás (revisión del sexto mandamiento).

Desde los primeros fotogramas (que irrumpen a modo de preanuncios), en los que se puede observar repugnantes insectos muertos, un gato ahorcado y unas ratas ahogadas, No matarás se transforma en una miscelánea de pinceladas que expelen una sórdida nitidez. No obstante, sería un injusticia mayúscula reducir esta película de Kieslowski a una sumatoria de sucios retazos visuales; por el contrario, las sombrías imágenes iniciales y el retrato posterior de una ciudad gris y plomiza, son apenas incómodos presagios alegóricos de una fábula implacable, de un film que en su conjunto adquiere dimensiones monumentales.

Proclamarse en contra de la pena de muerte es un acto relativamente sencillo: al menos en los tiempos que corren, al menos dentro de una porción mayoritaria del mundo occidental. Quiero decir, hoy en día, por el contrario, conlleva una cuota de mayor rebeldía (o de “incorrección política”, si se quiere) el pronunciarse partidario de la pena capital; el derecho penal en particular, y gran parte de las sociedades civilizadas en general, han progresado lo suficiente en ese aspecto como para que esta drástica resolución estatal, moneda común otrora, sea rechazada con fundado vigor. Sin embargo, es sabido que, en países con democracias consolidadas y un nivel de desarrollo económico excepcional, como EE.UU. o Japón, la ejecución de condenados por parte del Estado aún sigue siendo una práctica que goza de plena vigencia, que se cumple ad pedem litterae. Por consiguiente, y por más que la importancia primordial que posee el respeto a la vida humana haya calado hondo en nuestras conciencias (rebosantes de religiosidad o no), es preciso afirmar que alegatos tan eficaces como el que nos brinda el director polaco jamás estarán de más mientras el hombre siga siendo hombre.

Indicaba antes que manifestarse contrario a la pena de muerte hoy resulta fácil; mas lo que no resulta nada sencillo es hacerlo del modo que lo hace Kieslowski. ¿Por qué? Porque lo realiza, en su rol de director, sin juzgar, sin sentenciar: narra una historia –tres personajes ligados por dos asesinatos– con absoluta naturalidad, sin insertar ninguna clase de elementos tendenciosos que puedan conducir a lograr simpatías o animadversiones artificiales por parte del espectador. No, nada de eso. Se limita a describir, con una acabada sobriedad narrativa y con un realismo rayano en lo exasperante, dos crímenes atroces, yuxtaponiéndolos y lanzando una pregunta, que se puede formular de muchas formas diferentes: ¿es acaso más condenable un asesinato que una ejecución? ¿No son dos caras de una misma moneda, dos versiones del mismo tabú? ¿Es racional que la condena de una acción sea una reverberación de esa misma acción? Quizá en los planos finales –si no lo hizo antes– el espectador adivine la respuesta que Kieslowski tiene para los mencionados interrogantes. Empero, a diferencia del noventa y nueve por ciento de las películas que uno observa a menudo, en No matarás (que no es una película corriente) permanece la certeza de que el director nunca extorsiona emocionalmente al público (si alguien quiere un ejemplo manifiesto de extorsión emocional en el cine, puede revisar una gran película como Saving Private Ryan, de Steven Spielberg).

La excelencia de este largometraje de Kieslowski precisamente radica en la obligada interacción que se genera entre el director, su despojada obra y el espectador (como entre el suelo, la flor y el sol), en la gimnasia de los sentidos que éste debe –imperantemente– realizar, renunciando al entretenimiento, renunciando a la comodidad, renunciando, en definitiva, a premisas que históricamente han sostenido al cine como producto de masas. Ergo, se me ocurre que No matarás es un simbólico páramo desolador que confronta radicalmente con el cine entendido como “producto” y se mancomuna de forma directa con el cine entendido como agitador de conciencias, como transmisor de un discurso moral, y, claro está, como obra artística. El mismo cine que, con otras idiosincrasias, con otras formas, con otros lenguajes, pero con la misma exploración de la lente como inmejorable medio para expresarse y reflexionar, con la misma ansiedad por develar la esencia humana a través de la cámara, encararon cineastas de la talla de Bergman y Antonioni. Parafraseando a un amigo, sólo agregaré: de visionado obligatorio.

Krótki film o zabijaniu (Polonia, 1988).
Director: Krzysztof Kieslowski.
Intérpretes: Miroslaw Baka, Krzysztof Globisz, Jan Tesarz, Barbara Dziekan, Aleksander Bednarz.
Calificación: 8,25.

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8 respuestas a “No matarás”, de Krzysztof Kieslowski

  1. kleefeld dijo:

    Ay, Kieslowski, Kieslowski… es una de mis asignaturas pendientes. He visto un par de sus pelis (“La doble vida de Veronika” y “Azul”) pero no llegué a “pillarlas”, así que espero poder recuperarlas pronto (junto a todas las demás, claro). Releeré la reseña con más atención cuando haya visto la peli. Y qué gran cambio pasar de Ajá a Kieslowski, ¿no?… Todo un acierto.

  2. Acabas de mencionar a otro de mis directores favoritos, Kieslowski. Solo he visto la triologia de los colores y la doble vida de veronica, pero dejaron una huella increible en mi. Quizas es la ausencia de tener que explicar todo en cada escena, solo con apenas unas pinceladas agita al espectador. Si puedes te recomiendo azul, para mi, la mejor de las tres. Y la doble vida de veronica… en fin… grandiosas y me apunto estas dos para verlas a la de ya!
    Conoces un director coreano llamado Kim ki-duk? Creo que Hierro 3 te encantaria.

  3. avellanal dijo:

    Kleefeld: así de versátil soy yo en cuestiones cinematográficas. Puedo pasar sin ningún inconveniente de la desmesura de Argento a la desmesura de Pasolini. :D

    Cornflakegirl: a mí lo que verdaderamente me fascina del cine de Kieslowski -en general- es su dimensión plenamente metafórica. Ya he visto -hace tiempo- “Azul” y también “La doble vida de Veronika” y son filmes de ensueño, preciosos, y claramente menos parcos que éste que comento.
    Sí que conozco a Ki-Duk Kim, aunque confieso no haber visto nada de su autoría. Estaba con ganas de mirar su “Primavera, verano, otoño, invierno… y primavera”, pero te haré caso y me enfrentaré primero a “Hierro 3”. Luego te cuento qué tal.

    Greetings, and more cookies.

  4. Vampiresa dijo:

    Coincido, La doble vida de Verónica y aquella trilogía.
    Como hace que te adentres en la mente y en los sentimientos que aquellos personajes que en realidad no son lo que muestran, si no que hay mucho, mucho más, como si leyeras entre letras.

    Me gusta, que puedo decir. Fascinante. Buscaré más pelis.

    Besos!

  5. kleefeld dijo:

    Excelente reseña. ¿Siempre has escrito así de bien?

    Sin haber visto “No matarás”, me huelo que debe de parecerse mucho a la segunda parte de la mencionada “Trilogía de los colores”, “Blanco”, en la que el gris plomizo y el blanco, además de invadir siempre la pantalla, encuentran su paralelo en una narración distante, sobria, y que a mí me aburrió un poco. Aunque sin duda me parece mucho más sincera y honesta que las otras pelis del trío, incluso más que “La doble vida de Veronica”.

  6. El bueno de Kieslowski y sus notables películas. Gran reseña muy de acuerdo con tu percepción y tu calificación. Por cierto ¿Viste su opera prima?. Saludos

  7. avellanal dijo:

    Kleefeld: sinceridad, honestidad y Kieslowski no sé si se llevan del todo bien. En todo caso, te animo a que veas “No matarás” y luego me cuentas.

    José Barriga: muy amable de tu parte. Contestando a tu consulta, si te refieres a los largometrajes y documentales que hizo para la TV en los años setenta, son una deuda pendiente. Nunca he podido conseguirlos.

  8. Franco dijo:

    Es una película increíble. La semejanza en los planos de las primeras escenas que describís y la última me dejó helado. Es la imagen usada en sentido ¿algebráico? Me dejó la impresión de tratarse de dos variables de algo exactamente igual.
    Cuánto tiempo sin leerte y qué genial sorpresa me has dado con lo que leí!
    Un abrazo

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